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El balón gástrico ¿En qué consiste?

Entre los trastornos ligados al mundo desarrollado, uno de los que atesora mayor protagonismo es la obesidad, por su alta tasa de incidencia en todos los estratos sociales y por el riesgo notable para la salud de quien la sufre. Su diagnóstico se apoya en el índice de masa corporal (IMC), considerándose una persona obesa a partir de 35 kg/m2.
Los avances médico-tecnológicos han alumbrado un procedimiento de calidad para evitar la obligada convivencia con tan molesta compañera: el balón gástrico (En la siguiente web se puede ampliar la información http://www.clinicasobesitas.com/tratamiento-obesidad/balon-intragastrico/) Se trata de un método no quirúrgico consistente en introducir una esfera de silicona que ocupa aproximadamente dos tercios del estómago. Su propósito consiste en dilatar la percepción del apetito con la consecuente reducción de la ingestión de alimentos.
El objetivo es una pérdida de peso paulatina de unos 25 kilos, con una óptima expectativa de reducción de 1 Kg. semanal. Los pacientes en los que más retorno se obtiene son aquellos cuyo sobrepeso alcanza un 40% de su peso ideal, pudiendo hablarse de unos perfiles ideales de paciente a la hora de abordar esta técnica, que serían:

· Pacientes con depresión
· Pacientes con ansiedad que les hace comer compulsivamente
· Pacientes recuperados de lesiones deportivas

Si bien su mecanismo de actuación todavía no está claramente descrito, todo parece indicar que dos son los factores preeminentes en su funcionamiento: la distensión de la pared gástrica y una ralentización del vaciado gástrico hacia el tracto intestinal.
Pero sin lugar a dudas, una de sus mayores ventajas radica en que este balón es alojado en el estómago sin cirugía invasiva (como podría ser el caso de por ejemplo la técnica de bypass gástrico) aunque en condiciones de sedación. Su introducción va precedida de un examen endoscópico de la cavidad gástrica para descartar anomalías que pudieran desaconsejar la intervención. Una vez asentado en el estómago, es rellenado con solución salina estéril (en determinados casos, aire) que impide su paso a través del píloro y le otorga la flotabilidad necesaria. Permanece allí durante 6-8 meses, momento en el que se procede a su evacuación en idénticas condiciones a las que se sometió su implantación. No obstante, existe la modalidad de balón gástrico anual, que alberga previsiones de hasta 40 kilos de reducción.
El post-operatorio brilla por su bajísima casuística de efectos secundarios, pues simplemente se advierte de síntomas casi constantes como náuseas, vómitos o molestias epigástricas, que habitualmente remiten por sí solos en 3 o 4 días y que obedecen a la lógica reacción de la víscera ante la presencia de un cuerpo extraño en su seno. En un porcentaje no superior al 15% de los casos, pueden referirse trastornos intestinales en forma de diarrea o estreñimiento.
Debe tenerse en cuenta que tal manipulación de una víscera clave en el proceso digestivo ha de acompañarse de importantes adaptaciones de la dieta y de un férreo seguimiento médico de la misma. Lo preferible es una alimentación estrictamente líquida en los primeros quince o veinte días, para sucesivamente ir modificando la textura de los alimentos a base de ingredientes finamente triturados como puente hasta la ingesta completa de sólidos. No obstante, la situación de cada paciente marca los ritmos de transición en cuanto a composición y textura de la comida.
Aun siendo una técnica de reconocida solvencia, lógicamente no está exenta de riesgos, como un pinchazo del balón que provoque su tránsito accidental al intestino delgado, con la consecuente obstrucción de este, o la aparición de hemorragias o perforaciones, todo ello dentro de una mínima incidencia.
La aplicación de esta técnica no es universal, quedando contraindicada en pacientes con trastornos endocrinológicos, con problemas mentales que no les permitan controlar su dieta, con cirugía gástrica previa, hernia de hiato o alteraciones severas de la coagulación, así como en mujeres embarazadas o lactantes.
Para la mayoría de los pacientes con sobrepeso, el ansia por mejorar su calidad de vida genera un plus de eficacia a esta técnica terapéutica, dada su motivación en el seguimiento de las recomendaciones.