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El gasto en sanidad de España inferior al de sus socios en Europa

El pasado mes de noviembre se hacía público el Informe sobre el estado de la Salud de la UE 2017, emitido por Bruselas, en el que España sale algo mal parada. Según cifras del mismo, nuestro país, a pesar de sus excelentes condiciones relativas a la esperanza de vida o a la mejora de los hábitos y cuidados de la salud, lo cierto es que parece invertir menos en instalaciones y empleos relacionados con la misma, quedando por debajo de la media europea en gastos sanitarios.

En este sentido, el informe deja constancia de cómo la cobertura sanitaria española, que siempre ha sido de las más modélicas, se vio afectada de manera dramática por la crisis económica, alejándose de sus vecinos europeos de manera alarmante ya en el año 2015. Y es que del dinero que los países europeos destinan a la sanidad, cuyo porcentaje se encuentra en un 9’9%, España se sitúa en apenas un 9’2%, lo que parece haber incrementado el acceso a planes de salud privados.

En cuanto al personal médico destinado a cada habitante, España parece situarse aún el top, con una tasa del 3’8 por cada mil habitantes, frente a un 3’2 del resto de países europeos con respecto al personal médico. Pero en el caso del personal de enfermería la cosa cambia presentando un ratio, con respecto al resto de Europa, que se ha reducido a niveles ciertamente preocupantes con una tasa del 5’2 por cada mil habitantes, frente al 8’4 de la media europea.

 

Otros niveles negativos sanitarios según el informe

Pero España no solo presenta niveles negativos en cuanto a su personal de enfermería, sino que también presenta cifras preocupantes relativas a la obesidad, al consumo de alcohol en jóvenes, o a las prolongadas listas de espera para determinadas operaciones quirúrgicas, como sucede en el caso de las cataratas.

El informe, elaborado gracias a datos de la OCDE y de Eurostat, confirma la disminución del gasto destinado a sanidad y los malos hábitos relacionados con la alimentación o la práctica del ejercicio, particularmente preocupante en el caso de la población adulta, cuya tasa bajó en el año 2014 del 1 de cada 10 habitantes, al 1 de cada 6. El estudio, además, parece constatar el hecho de que la obesidad afecta más a la gente poco preparada académicamente y/o con peores recursos, aunque le hecho de la escasa o casi nula práctica de ejercicio se extiende a casi todas las edades y niveles sociales, dejándose en la cola de Europa tan solo por encima de Rumanía.

Afortunadamente también se aportan datos para el optimismo en dicho informe, como por ejemplo en el hecho de que el consumo de tabaco ha descendido notablemente en los últimos años o que lo ha hecho también el consumo de alcohol, aunque no como cabría esperar, ya que continua siendo alto entre la población más joven.

 

Por un futuro más sano y saludable

Este tipo de informes se publican con el fin de evaluar el impacto que la economía puede tener en la salud de la población, o el cómo se sitúa un determinado país en cuanto a hábitos saludables y alimenticios. Y es que nuestro futuro y cómo nos desarrollemos en él depende tanto de las infraestructuras y recursos destinados, como de la actitud que tengamos ante la vida.

Por eso, concienciarnos con respecto a la reducción o eliminación de sustancias tan nocivas como el alcohol o el tabaco, que dejemos de idealizar su consumo para que los jóvenes no se sientan atraídos por el mismo, o que consigamos practicar ejercicio de manera regular para mejorar nuestra salud y reducir las tasas de enfermedades asociadas (como las enfermedades cardiovasculares), permitirá una mayor calidad de vida a esa tasa de esperanza de vida tan alta de la que disponemos, situada en los 83 años frente a los 80 del resto del continente.

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