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Relación del azúcar con el cáncer

Hoy en día existe mucha alarma en torno a la conveniencia o no del consumo de azúcar, especialmente del azúcar blanca, ya que suele ser la menos natural y la más refinada. Esta cierta alarma social que existe se debe, en buena medida, a la relación que se ha establecido en determinados estudios científicos en torno al papel que el azúcar juega en nuestro metabolismo y su posible implicación con el desarrollo de tumores.

En 1924, el Premio Nobel alemán Otto H. Warburg, ya puso de manifiesto esta posible relación al lanzar una hipótesis, que sigue teniéndose presente hoy, referida a cómo la respiración de oxígeno en las células termina siendo reemplazada por una fermentación del azúcar cuando se desarrollan tumores. Esto quiere decir que el proceso natural de la respiración celular que se lleva a cabo en el cuerpo humano, se ve transformado cuando se da un proceso tumoral, produciéndose energía en la que ya no entra en juego el oxígeno.

Sin embargo, a pesar de los casi cien años de historia con los que cuenta esta teoría, aún no se ha podido demostrar su veracidad, y continua sin aclararse si la fermentación que se crea de la glucosa es consecuencia directa del cáncer o, por el contrario, su causa. Según Javier A. Menéndez, jefe del equipo de Metabolismo y Cáncer perteneciente al programa ProCURE del Instituto Catalán de Oncología, la teoría de Warburg está ya algo obsoleta, pues no contó con la información necesaria acerca de la capacidad informativa que tiene nuestro metabolismo, motivo por el cual hoy se piensa que es el cambio metabólico el que modifica a las células de nuestro organismo y no al revés.

Conocer este dato abre un gran campo de posibilidades de estudio en torno al tratamiento del cáncer e, incluso, a mecanismos para prevenirlo, ya que el propio metabolismo podría ayudarnos a comprender en qué consisten los cambios celulares que se dan y el por qué se producen.

Esta nueva forma de observar y estudiar el cáncer, la metabólica, hace que la idea de las mutaciones genéticas, presentes en los denominados cánceres genéticos y hereditarios, ya no sean la única teoría puesta sobre la mesa. De este modo han surgido, en los últimos tiempos, numerosas corrientes y noticias encaminadas a la importancia que nuestra alimentación y el estilo de vida que llevemos tiene en la prevención del cáncer, algo que no hubiera tenido sentido en los cánceres genéticos. Esto quiere decir que el consumo de una dieta sana y saludable, unos buenos hábitos, así como la práctica de ejercicio regular, puede tener un impacto muy positivo en nuestro metabolismo de cara al desarrollo de posibles tumores, ya que estaríamos evitando la incidencia en nuestro cuerpo de elementos que favorecen la presencia de células malignas o cancerosas, como ocurre con el tabaco o con el consumo excesivo de grasas y carnes rojas.

 

Mitos y verdades sobre el azúcar y su relación con el cáncer

Con respecto a la posible relación que tienen el azúcar y el cáncer de forma concreta, y para que se entienda aún mejor también fuera del ámbito científico, es preciso desterrar la idea de que cuando se habla de azúcar y cáncer, se habla de ese azúcar de uso común que mencionábamos al inicio de este artículo.  Y es que el azúcar blanco refinado es una mezcla de glucosa y fructosa que posee el nombre de sacarosa. Esto quiere decir que el consumo de sacarosa, lógicamente, nos aportará un porcentaje de glucosa, pero del mismo modo que nos la aportan un montón de alimentos más, como los cereales, el arroz, el pan, la miel, la pasta, los frutos secos, el chocolate…alimentos que en sí mismos no son perjudiciales para la salud.

Esto quiere decir que el alarmismo que hoy en día genera la palabra cáncer, no debería hacernos cambiar la dieta de forma drástica recurriendo a eliminar el consumo de azúcar habitual de mesa, primero porque nuestro cuerpo terminará ingiriendo glucosa de igual forma (y de hecho la necesita), y segundo porque el azúcar más perjudicial se encuentra en realidad en otros sitios, como en los refrescos y en la bollería industrial, y no en una simple cucharadita de azúcar blanca. Por eso lo importante es evitar esos alimentos nocivos, tratar de comer equilibradamente y, sobre todo, llevar un estilo de vida activo y alejado de hábitos tan perjudiciales como el fumar.

Hoy en día se cree que la incidencia de los factores externos, y no genéticos, se encuentra en al menos el 80% de los casos de cáncer. Por ello es fundamental concienciarnos acerca de la necesidad de mantener un estilo de vida saludable y conseguir un peso equilibrado, y en ello cabe el consumo de azúcar, pero siempre en su justa medida.